viernes, 12 de julio de 2013

EN POCOS DIAS JACK MICHAEL MARTINEZ SE GANO EL FANATICO DE ARECIBO

PUERTO RICO-“Los buenos generales de guerra se comprometen hasta la muerte, no se aferran a la esperanza de sobrevivir; actúan de acuerdo con los acontecimientos, en forma racional y realista, sin dejarse llevar por las emociones ni estar sujetos a quedar confundidos”. 

 Sun Tzu: El Arte de la Guerra 

 Barba profusa, pelo alborotao, mirada de matatán; un ‘game face’ de malote, a lo Rich Gossage, que cuando relevaba en los Yankees de Mariano, era un maniaco intelectual que sacaba de paso al bateador con tan solo reflejar odio y brillo en los ojos... 

 Guerrero de épicas batallas contra la milicia del Tío Sam. Capitán de la escuadra de Duarte y Danilo en el país de la bachata, el plátano majao y el merengue apambichao. Así es Jack Michael Martínez, un ‘Señor Refuerzo’, con todas las de la ley. Vistió la insignia oro-negro del Capitán Correa, como todo un General.

 Desde Marcus Fizer en 2007, Arecibo no importaba un jugador con tanta presencia y dinamismo como el número 15. Pero más importante aun: con liderato, hambre de sobra y compromiso de victoria en su interior. Ese Capitanes en su pecho brillaba... 

 Martínez se entregó en cuerpo y alma a la tropa del Rosario y las Cañas con el único objetivo de desmelenar al poderoso león sureño y saborear el champán del triunfo. La gesta suya, plausible y de mérito, no alcanzó la meta. Suya no fue la culpa... 

 El número 15 puede mirarse al espejo con honor y vergüenza, pues dejó el cuero en la batalla de la pintura; en el escenario que llaman tabloncillo y donde se demuestra la hombría y el carácter. Otros, de mayor estatura, cargan hoy la ignominia del fracaso y la sospecha de brazos caídos. El básquetbol es un juego de conjunto, de armonía, de maña y sacrificio. 

Como los Mosqueteros: ‘Todos para uno, y uno para todos”. Matar el espíritu de un guerrero es ardua tarea. El dominicano tiene un espíritu inmortal que inquieta al opositor con tan solo mirarle. Para Jack Michael el precio del juego es vida o muerte... 

 “Yo vine aquí a ganar un campeonato y haré lo que tenga que hacer para que el equipo logre esa meta. Para eso se me contrató”, fue su sentencia de Martínez tan pronto pisó suelo de Boriquén. Tristemente, la odisea de su visado canceló dos partidos de la serie frente a la Perla del Sur y nadie puede decir qué giro hubiera tenido la misma. 

 Ponce ganó en fueron puro veneno. Capitanes fue al Pachín Vicéns con ansía de victoria y no se pudo. En la serie hizo lo que quiso a su antojo e intención. Cocoteó con Mike Harris, intimidó a Ike Diogu, dominó las tablas con 67 rebotes e igual cantidad de puntos. 

 El quisqueyano es un imán para capturar rebotes. Posee un alcance de 7’4” al extender su largos brazos, lo que combina con un gran olfato para saber hacia donde se dirige el balón tras un lance al canasto. 

 “Yo no soy un saltarín, no soy atlético, pero tengo mis trucos, las mañas, agarrar un poco aquí, boxear allá; eso me ayuda al rebotear”. 

 El coro y soneo tras los partidos en el camerino: “Sí más bueno que así”, una rima pegajosa donde todo concluía en “í”, unió a Capitanes y redujo la tensión de una riña sin cuartel frente a los Leones. 

 Un verdadero refuerzo, digno de repetirle en 2014. Se ganó el corazón y estima del pueblo en tan sólo cinco juegos por su garra y desempeño. Quién lo deja todo en la guerra puede caminar con la frente en alto; Jack Michael lo simboliza...

Por: Pachy Rodriguez desde Arecibo.

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