lunes, 25 de marzo de 2013

AL HORFORD ESTA EN SU MEJOR TEMPORADA EN LA NBA

NBA-Los Hawks funcionan dentro de la lógica de los equipos invisibles de la NBA. Se aferran con uñas y dientes al séptimo puesto de la Conferencia Este, pero sus méritos no parecen formar parte de los artilugios de venta del mundo NBA. La fisonomía del producto parece formar parte de un terreno de colores que está a una distancia estratosférica de Atlanta. 

 Al Horford, el hispano más destacado de lo que va de temporada, es una de las víctimas de un entorno que no lo favorece. Es un héroe del silencio, un jugador que hace mucho y se le reconoce poco. 

Un centro diferente, capaz de superar la adversidad de centímetros merced a atributos conceptuales del básquetbol que se acoplan a una actitud envidiable. Horford hace lo que los demás no miran. 

O mejor dicho, prefieren no ver. Es el truco de magia que se encierra en el puño apretado para que el resto, en la otra mano, gane el aplauso general al descubrirse. Sacrificio en función del bien común. El ala-pivote de Puerto Plata, tierra de leyendas del béisbol, juega para el equipo, con todo lo que eso significa.


 Lo ha hecho siempre, y en esa construcción del aspecto grupal se desnuda su talento individual; da un paso al frente por lo que él mismo genera, sin necesidad de imponerse ante el público a los empujones. No fuerza jamás una situación. Horford es un profesional de perfil bajo. 

Es un Clark Kent que, noche a noche, se transforma en Superman sin que nadie alerte la inevitable mutación. Los grandes jugadores están hechos de un material tan noble como escaso. Tienen la capacidad de dar un paso atrás para que el resto se luzca, y dar un paso al frente cuando el resto se esconde. El click está incorporado en sus genes. Eso permite convertir lo normal en extraordinario. Despierta la transformación del alfil en rey incuestionable. Horford, en este laboratorio, es un envase que mezcla talento y perseverancia en dosis exactas. 

 Horford atraviesa el mejor momento de su carrera, pese a que la mayoría ni siquiera lo mencione. Su juego es increíblemente efectivo en una Liga histérica, que le demanda a gritos que haga lo que él no necesita hacer para lucirse. Defensa, actitud y liderazgo están en la primera página del diccionario escrito por el ala-pivote dominicano. Y esto es curioso, porque una gran parte de los espectadores tipo de la NBA considera que estos atributos -fundamentales, por cierto- son accesorios de complemento en el universo de las estrellas-franquicia. De todos modos, ¿imaginan lo que sería este hombre si jugase en un equipo como Los Angeles Lakers, New York Knicks o Miami Heat? Las repercusiones -y la exposición- se abrazan a las reglas del juego. Josh Smith es en Atlanta, para el punto de vista comercial, un jugador mucho más vendible que Horford. Su estilo es polifacético, su carácter es problemático y su despegue como una langosta hacia el aro sirve para confundir espectacularidad con eficiencia. Es el mensaje que se desparrama con una lógica escalofriante: dar al público lo que el público quiere ver, sin importar lo que deba ser. La única verdad es la realidad. Y en ese terreno, Horford es una gema para cualquier entrenador que lo tenga bajo su mandato. Domina al equipo en puntos (17.3) y rebotes (10.0). Como nos informa el departamento de estadísticas de ESPN, es uno de los 10 jugadores calificados de la Liga que promedia al menos 10 puntos y 10 rebotes por aparición. No sólo eso: desde febrero, Horford promedia 22.1 puntos y 11.1 rebotes por juego, con 61.4 % en tiros de campo (14 encuentros). Una auténtica locura. Pero en materia de asombro, tengo algo más bajo el brazo que roza el escándalo: lidera a los Hawks en dobles-dobles con 34 y está sexto en toda la NBA en ese apartado. Como nos informa Ernest Tolden de ESPN Research, los Hawks son muchísimo mejores con Horford en cancha. 

Cuando el ala-pivote dominicano está sobre el parquet, Atlanta promedia 97.6 puntos cada 48 minutos y lanza 47.3% de cancha. Cuando Horford está fuera, los Hawks promedian 91.8 unidades cada 48 minutos con 43.1% en TC. Horford tiene un excelente juego de poste alto y poste bajo. Se mueve bien de espaldas y tiene un gran tiro de media distancia de frente al aro. Además, posee piernas elásticas para moverse dentro del trapecio, lo que le permite destacarse en el desplazamiento lateral y el sprint vertical contra rivales superiores en talla. En sólo 15 días, Horford rompió dos marcas maravillosas: Anotó 34 puntos, bajó 15 rebotes y puso cinco tapas en la victoria 102-91 ante Utah. Se convirtió, de esta manera, en el primer jugador de los Hawks en sumar 30, 15 y cinco bloqueos en un partido de serie regular. Dos días antes, anotó 23 puntos y 22 rebotes en la victoria de Atlanta 102-91 ante Detroit. Fue la tercera vez que Horford logró un partido de 20-20, algo que sólo logró otro jugador de Hawks -seis veces- entre 1996 y 2001: Dikembe Mutombo.

 Horford ya figura en los libros de los Hawks con un sustancioso contrato y seguramente Danny Ferry, junto al resto de la gerencia, tendrán en claro que se debe construir en conjunto -no alrededor, a no equivocarse- de este hombre. El ala-pivote dominicano pertenece a la nueva clase de centros versátiles de la Liga. Un cuatro transformado en cinco de acuerdo a las necesidades. Modificar posición es algo complicado al extremo, sin embargo Horford lo ha hecho parecer muy fácil. No lo digo yo: abundan ejemplos en la NBA que defienden esta premisa. Mientras el mundo mira hacia tierras más prometedoras, Horford sigue haciendo su trabajo a la perfección. 

Por ahora, afila sus armas como un héroe del silencio. Tarde o temprano, llegará el reconocimiento unánime. Por más que se intente con ganas, no se puede tapar el sol con una mano. Es sólo cuestión de tiempo.

Por Bruno Altieri desde ESPN.

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